Berta Cáceres nació el 4 de marzo de 1971 en Intibucá, Honduras. Su madre era enfermera y alcaldesa y siempre estuvo involucrada en la defensa de los derechos humanos. Durante la guerra civil de El Salvador, se dedicó a brindar servicios de salud a refugiadas salvadoreñas. Su padre fue perseguido políticamente. Estas experiencias vividas junto a ellos influyeron en Berta notablemente a la hora de defender la justicia.
Berta funda en 1993 el Consejo Cívico de Organizaciones Indígenas Populares (COPINH), organizando campañas en contra de los proyectos que violaban los derechos ambientales en Honduras. Se enfrentó a diversos agentes que lideraban madereros ilegales, dueños de plantaciones, líderes de corporaciones multinacionales y de proyectos de represas que cortaban el suministro de recursos básicos, como alimentos y agua, a las comunidades indígenas. La denuncia de estas prácticas le supuso amenazas de muerte, sufrió una persecución constante durante años que obligó a parte de su familia a abandonar Honduras y a ella misma a dormir cada noche en un lugar diferente.
Además de defender los derechos ambientales, Berta exigió el respeto pleno de los derechos de los pueblos originarios. Su discurso firme y su capacidad movilizadora lograron que estos conflictos se visibilizaran en el exterior. Organizó al pueblo lenca en su lucha contra la construcción de la presa de «Agua Zarca», un proyecto hidroeléctrico al noroeste de Honduras en un lugar sagrado para las comunidades indígenas. La campaña de Berta evitó que se llevará a cabo este proyecto, aunque le costó la vida. El 3 de marzo de 2016, varias personas no identificadas irrumpieron en su casa y la asesinaron.
Berta recibió varios reconocimientos, en 2015, un año antes de fallecer, recibe el Premio Goldman que supone el mayor reconocimiento del mundo para defensores del medio ambiente.
Berta declaró “no es fácil ser mujer dirigiendo procesos de resistencias indígenas. En una sociedad increíblemente patriarcal las mujeres estamos muy expuestas, tenemos que enfrentar circunstancias de mucho riesgo. Esto es una de las cosas que más puede pesar para abandonar la lucha. Lo que nos inspira no son los premios, sino los principios. Hemos luchado y lo vamos a seguir haciendo, tenemos la fuerza que viene de nuestros ancestros, herencia de miles de años, de la que estamos orgullosos. Ese es nuestro alimento y nuestra convicción a la hora de luchar”
En 2021 a título póstumo el Parlamento Europeo le otorgó el Premio Sájarov a la Libertad de conciencia.
Para la metodología Ubuntu es un referente ya que nos inspira como símbolo de activismo en su lucha incansable por los derechos ambientales, la defensa del territorio y la equidad de género.

